La Radio que me gusta

Por una de esas charlas que uno no espera que lo hagan pensar en demasía, me traslade años atrás y nuevamente me encontré imaginando un sueño que parecía muerto, aunque a juzgar por las estas lineas, no estaba extinto, quizá solo dormido.

Nunca supe bien los motivos de mi devoción hacia la radio como medio de comunicación, jamas entendí muy bien por que me genera semejante pasión, pero siempre tuve bien claro, desde la primera vez que me senté delante de un micrófono que mi único objetivo era y es estar ahí.

La radio que me gusta ya esta hecha, es difícil innovar desde el contenido después de tantos años y con la rica historia que tiene la Argentina en esta materia, podemos sumar tecnología, podemos adaptarnos a los cambios e intentar captar audiencia por otros medios que no sean el éter en si, pero en mi realidad, hay condimentos que hacen a la radio y no se pueden dejar de lado bajo ningún concepto.

El nombre del programa aunque sea de forma implícita, tiene que sugerirte la identidad del mismo, tiene que marcarte por donde van las cosas y tiene que ser algo que logre una identificación con el oyente, no se puede dejar librado al azar o minimizarlo, no hace falta que sea un despojo de creatividad, pero tiene que ayudar a situarnos, “esto es tal cosa y por acá vamos“. Dentro de ese contexto, hay que elegir los momentos para comunicar que y de que manera, la radio que me gusta se compone de momentos, no puede ser puras palabras, no puede ser pura música, no pueden ser constantes comunicaciones telefónicas, no podemos leer todo el tiempo. Esta nube que describo a grandes rasgos tiene que estar acompañada por cortinas, separadores, efectos, el operador no tiene que ser solo nuestro primer oyente, el operador tiene que ser protagonista, sin que ese protagonismo interfiera con el trabajo de los que estamos al aire. Todos debemos estar en constante equilibrio, producción, operación, locución y conducción.

La radio que me gusta ve a la música como mas que un complemento, las canciones son piedra fundamental y ayudan a determinar el publico.¿Que queremos?, ¿abarcamos todos los géneros sin importar su calidad? o ¿definimos una media? Desde mi humilde lugar es imperioso definir un espectro musical y dejar sobre la mesa que la radio se mueve en ese rango, el que mucho abarca poco aprieta y la música debe ser la decoración perfecta a lo que se brinda desde el aire. Podemos hacer una genial sección pero si al terminar, presentamos un reggaeton, todo se cae a pedazos, y ahí entraríamos en la radio que NO me gusta y lo que defino como “abaratar el aire“. Claro que algunos intentaran llevar la discusión a la pregunta ¿que es buena música? Perdón, pero en esa no entro y solo lo defino de esta manera: No me gustan Los Beatles pero se que son buena música. No me gusta Daddy Yankee pero se que eso no es buena música.

Hace algunas palabras atrás escribí que la radio que me gusta ya estaba hecha, y recordé aspectos de esa radio que siempre me atraparon: El lenguaje, como dirigirnos al oyente, y el mostrarnos tal cual somos. Para unos pocos podrá ser un error, pero la naturalidad de los que comunicamos es un valor de oro a la hora de generar feedback. No podemos agradarle a todos y no tenemos por que hacerlo, el personaje que pone una “voz linda” al micrófono haciendo un esfuerzo inhumano por caer bien es uno de los peores males que tiene el medio. Creo que es mas importante lo que tenemos para decir, que como lo decimos, aunque sea una frase de las mas pronunciadas, siempre es preferible expresarla como se lo dirías a un amigo. Aunque parezca mentira, el oyente lo nota y como alguna vez escuche: “Una puteada en el momento justo puede clarificar el panorama“.

Pienso en secciones y de forma inmediata recuerdo los radioteatros, recuerdo los radioteatros y lo relaciono con el humor con un toque indispensable de ironía y bajada de linea. El humor es un arma poderosa a la hora de hacer pensar, no es solo la risa, el chiste, tiene algo mas, o podemos hacer que tenga algo mas y es otro condimento de la radio que me gusta. La radio que me gusta tiene que tocar todos los temas, pero no cualquiera puede hablar de todos los temas, los roles deben estar bien definidos, y cuando el momento lo requiera elegiremos ese tema con el cual vamos a poder desplegar toda nuestra verborragia, para divertir, hacer pensar o solo compartir algo con el que esta del otro lado.

Me veo obligado a contradecirme, la radio que me gusta ya esta hecha, la radio que me gusta tiene lugares comunes, pero hay lugares comunes que prefiero evitar, dentro de un programa hay que aprender a dejar de lado viejos vicios, no podemos caer en las reiteradas e idénticas aperturas de bloques con el famoso HTH (Hora – Temperatura – Humedad) esto solo por dar un ejemplo, obviamente la radio es servicio pero se puede buscar una pequeña vuelta de rosca, salir de la zona de confort es un desafió y si comunicamos, tenemos que aprender a desafiarnos. En la tristemente celebre apertura ¿hace falta saludarnos entre nosotros? A esta altura, y aunque parezca irrelevante es un acting agotado y esta ligado a dejar de lado la naturalidad que describí con antelación. Casi correlativo pienso en la artística de la emisora y la idea de “estaciones” o cargadas con los hits del momento y visualizo otro lugar común que hay que evitar. La artística tiene que marcar la diferencia, y así como el nombre del programa, la artística es la encargada de decir: “somos nosotros y esto hacemos“.

La radio que me gusta tiene muchos aspectos de lo que fueron las FM que rompieron el molde allá por los 80, recupera tips de la radio clásica, toma detalles de la impronta callejera, la podemos emparentar con la idea romántica que dio como nacimiento al Rock, la radio que me gusta es prolijamente – desprolija, a la radio que me gusta la dominan los programas, no las simples conducciones en piso, la radio que me gusta nos tiene que obligar a improvisar, la radio que me gusta nos tiene que acercar a la gente, pero por el producto en si, no por la simple “convicción” de “que nos escuchen todos” porque todos no nos van a escuchar. La radio que me gusta, respeta los tiempos, tiene que tener una identidad firme, puede matizar, puede moverse, pero no puede pegar un volantazo que nos obligue a volcar. La radio que me gusta apuesta a las personas, confía en que los productos deben tener su oportunidad de perdurar, tal vez la radio que me gusta no persigue como principal objetivo el éxito comercial, quizá ese sea un error y haría que mi radio dure poco tiempo, pero ese amor que describí hacia ella me obliga a separarme de la búsqueda netamente ¿capitalista?.

La radio que me gusta busca ser una compañía irreverente, busca ser previsible pero dentro de esa previsibilidad romper moldes, busca que te enamores de lo mismo que yo, busca robarte una carcajada, un pensamiento o una puteada, pero jamas buscaría ser una radio vacía. 

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