Slipknot en Buenos Aires: Un antes y un después

No vamos a hablar del setlist, no vamos a escribir sobre lo que para algunos puede haber faltado en el show del 3 de octubre en GEBA. Hagamos hincapié en la música, la visual y la calidad de una banda que parece no tener techo.

Desde su salto a la fama, los de Iowa se han mostrado como una alternativa a un metal a veces un poco alicaído. Claro que los amantes del heavy clásico pueden ver a Slipknot como un circo, pero los invitamos a leer entrelineas, sacarse el corset y sentir que el genero va mas allá de Iron Maiden y Judas Priest.

Lo que mostraron los liderados por Corey Taylor bajo el cielo porteño fue digno de admirar, son pocos los grupos que inmersos en semejante complejidad pueden entregar un show con esa majestuosa claridad y calidad en sonido, todo aquel detalle que encontramos en los discos, Slipknot te lo tira en la cara como diciendo, “acá estamos, no somos un producto de estudio“.

Los samplers, las percusiones, los coros, la furia, los riffs, pero por sobre todo, la profesionalidad de 9 enfermos envueltos en mascaras y overoles te deja sin aliento, y claro, para los que amamos el rock o el metal sin temor a reconocer que hay mucho más después de Zeppelin y Sabbath, aunque sepamos que ellos fueron son y serán los numero uno, el vivo de Slipknot marca un antes y un después.

El escenario, algo que no podes dejar de mirar en las casi dos horas de show es una foto del mismísimo infierno, el fuego principal protagonista, acompañado de luces y la amenazante figura del “macho cabrío” que lejos de acercarlos al tan temido “satanismo” los traslada al lado mas oscuro y hasta sano del metal, ese que en los inicios del movimiento hacia temblar a mas de uno.

Párrafo aparte y obligado para el animal. ¿Para quien? Para Corey Taylor, un frontman de esos que ya no existen, que como si esto fuera poco, también es un tremendo vocalista. Taylor elige los momentos justos para dirigirse al publico, levantarlo y obligarlo a hacer catarsis. Tiene la energía de aquellos nacidos para liderar una banda, tiene eso que es casi imposible de definir, pero que por el momento vamos a llamar “ángel”, aunque claramente, el no lo sea.

Desde lo personal, es la segunda vez que tengo la chance de compartir un espacio con Corey, la primera fue en el mismo estadio, pero con Stone Sour en el año 2012, y ¿adivinen que? Pasaron tres y me volvió a impactar su desempeño en el escenario.

Diez años habían pasado de la única visita de Slipknot a nuestro país, en el medio, ellos recorrieron el mundo, sacaron nuevo material, perdieron a un amigo, dejaron ir a otro, crecieron los rumores de separación, se reinventaron, volvieron y calentaron la fría noche de la ciudad con un show que quedara para siempre en nuestra memoria.

Como dijo Andres Gimenez mientras A.N.I.M.A.L. trataba de hacer mas corta la espera: “De este recital no se van a olvidar en la puta vida“.

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