Los 10 peores experimentos psicológicos

Experimentos psicológicos

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Prision de Stanford

En 1971, el psicólogo social Philip Zimbardo propuso a investigar las formas en que las personas se adecuan a ciertos roles sociales. Para eso seleccionó un grupo de estudiantes universitarios varones que participarían, en un período de dos semanas, de un experimento en el que vivirían como prisioneros y guardias en un simulacro de prisión. No obstante, después de haber seleccionado sus sujetos de prueba, Zimbardo les asignó sus funciones en una breve charla sin demasiados detalles y de forma inesperada, procedió a hacer arrestar a los “prisioneros” irrumpiendo en sus propios hogares y con colaboración de la policía local. Los resultados fueron preocupantes. Estudiantes universitarios ordinarios se convirtieron en guardias brutalmente sádicos generando en los prisioneros graves trastornos emocionales, enredando profundamente a los participantes en los roles que se juegan. Después de sólo seis días, la realidad alarmante de esta “prisión” forzada, llevó a Zimbardo a terminar prematuramente el experimento luego de algunas revueltas y quiebres emocionales.

Estudio Monstruo

En 1939, el profesor de la Universidad de Iowa, Wendell Johnson, selecciono un grupo de 22 niños huerfanos entre los cuales había 10 con tartamudez y 12 sin problemas en el habla. Mary Tudor, asistente de Johnson, separó dos grupos iguales y se propuso comunicar de manera “positiva” con el grupo que desarrollara mayor fluidez en el habla y de manera “negativa” con el que cometiera el más mínimo error. Los niños bajo la influencia negativa desarrollaron a lo largo de su vida, serios problemas en la comunicación y el lenguaje. El objetivo inicial del estudio se focalizaba en propiciar la tartamudez en los niños sanos modificando solamente la forma de comunicarse con los pequeños y a su vez, eliminar la tartamudez de los otros niños partiendo de una comunicación afectuosa y un lenguaje claro.

MK-Ultra

Durante los años 50-60 la CIA realizo una gran cantidad de experimentos en materia psicológica y de la mente bajo la bandera del proyecto MK-Ultra. Según los reportes, Theodore Kaczynski, conocido como Unabomber, ha sido objeto de pruebas y experimentos de la organización, lo cual puede haber contribuido a su inestabilidad mental tras las experiencias llevadas a cabo en Harvard. El proyecto también incluyó tratamientos con barbitúricos y LSD, para interrogar detenidos, luego abandonado por la imprevisibilidad de los efectos. Tal es el caso de Frank Olson, bioquímico del Ejecito de los Estado Unidos, muerto en un aparente suicidio tras haber consumido LSD sin su consentimiento y como parte de un experimento. Según el relato oficial, Olson se arrojó al vacío desde una ventana de un hotel de Nueva York donde vivía.

Elefante y ácidos

En 1962, Warren Thomas, director del zoo de Lincoln Park en Oklahoma, decidió dejar su huella en la comunidad científica suministrando 3 mil veces la dosis humana típica de LSD a un elefante llamado Tusko. En su intento, trataba de inducir la agresividad y los altos niveles de hormonas que experimentan periódicamente los elefantes machos, fenómeno conocido como “Musth”. Tusko murió horas después, luego de entrar en un shock de colapsos y convulsiones.

Experimento de Milgram

En 1963, Stanley Milgram se dispuso a probar la hipótesis de que algo especial ocurrió en el pueblo alemán durante el Holocausto, para permitir las atrocidades del genocidio. Bajo la excusa de un experimento en el aprendizaje humano, Milgram explicó a los participantes que en la prueba se le harían preguntas a un hombre unido a un generador de electroshocks que efectuaría su descarga en la medida que las respuestas del participante sean incorrectas. El experimentador ocultó que el participante sujeto al generador resultaba ser un colaborador suyo, dispuesto a falsear las descargas. Lo aterrador del experimento resultó ser la abrumadora obediencia de los observados ante la figura de autoridad del experimentador, incluso cuando el cómplice, en aparente agonía, rogaba clemencia.

Esquizofrénicos

En la década del ‘80, psicólogos de la Universidad de California, llevaron a cabo una serie de pruebas a fin de mejorar el tratamiento de los enfermos esquizofrénicos. El experimento consistía en suspender las dosis de medicamentos a los pacientes a fin de alivianar los síntomas. Los resultados fueron desastrosos, dando como caso más resonante, la muerte de Tony LaMadrid, quien saltó desde un edificio seis años después del inicio del estudio, al verse superado por los síntomas.

El pozo de la desesperación

En este fallido experimento, el psicólogo Harry Harlow, se propuso violar el secreto al amor aislando monos en el llamado “pozo de la desesperación”, que consistía en una cámara vacía que privaba al simio de estímulos externos, del contacto y la socialización. Como resultado no obtuvo datos más relevantes que la locura de los animales, que terminaron, en algunos casos, por comerse a sí mismos.

The Third Wave

En 1967, bajo el estudio de los sucesos en la Alemania Nazi, el profesor de historia Ron Jones, ideó un experimento en el que intentaba comprender las razones que llevan a una sociedad democrática a inclinarse por el fascismo o el autoritarismo. Bajo los conceptos de Jones, en la clase, y posteriormente en todo el colegio, nació una cierta exclusividad de la que formaban parte unos pocos. En principio, el experimento motivó a varios jóvenes a esforzarse por pertenecer a la elite, pero los planes variaron cuando comenzaron a desarrollarse prácticas como la discriminación o la segregación sectaria. Cuatro días después, y luego del desborde del proyecto, las pruebas debieron abortarse.

Aversión a la homosexualidad

Durante los ‘60, y bajo el concepto que “la homosexualidad es una enfermedad, y como tal, tiene una cura”, decenas de personas fueron sometidas a terapias para revertir su sexualidad y volver a ser “normales”. El método más utilizado, fue la Terapia de Aversión, donde el “enfermo” era expuesto a imágenes homosexuales al mismo tiempo que recibía shocks eléctricos en complemento con inyecciones y demás flagelos.

David Reimer

En 1966, a los 8 meses de edad, David Reimer fue víctima de una mala circuncisión que dio como resultado, la pérdida de su pene. El psicólogo John Money sugirió a sus padres un cambio de sexo en el niño con el objetivo de mejorar el desarrollo a futuro. Pero los intereses de Money eran otros, y sin comunicárselo a los padres, utilizó a David para un proyecto personal en el que intentaba probar que la identidad de género no era innata, sino una derivación como resultado de la interacción social, la cultura y la educación. David pasó a llamarse Brenda, con genitales femeninos pero con actitudes de niño durante toda su infancia. Esto generó un irreparable malestar en la familia, dando por resultado la separación. A los 14 años, David conoció su verdadera identidad y decidió dejar de ser Brenda. Luego de los tormentos causados, a los 38 años decidió terminar con su vida.

Fuente Revista 38

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